Sanar. Sanando.
A veces estamos tan metidos en la vorágine del día a día, en la rutina, en nuestras historias, en nuestros problemas, pequeños dramas... que no nos paramos a "vernos", a sentir, a sentirnos. Nos dejamos llevar y no reflexionamos sobre si la vida (¿la inercia?) nos está llevando donde realmente queríamos.
¿Es esto lo que yo quería para mi? ¿es esta la vida que esperaba tener a estas alturas?
Con las relaciones, de todo tipo, nos pasa lo mismo. Conocemos gente, algunos de paso, otros se quedan en nuestra vida durante tiempo y no nos paramos a pensar... ¿de verdad quiero tener a esta persona a mi lado?
Este último año ha sido un año de pérdidas para mi. He perdido a una persona muy importante en mi vida, mi abuelo, y he sabido lo que es echar de menos cada día.
He tenido una pérdida gestacional, un aborto en la semana 8 de embarazo. Prometo otra entrada al respecto cuando cure un poquito esa herida. Estoy en ello.
He "perdido" a una amiga, quizá sea una relación simplemente en stand-by, quizá solo necesitemos tiempo. La echo de menos, echo de menos contarle cosas, compartir, estar.
Y ha habido otra amistad que ha terminado. Inesperadamente, con dolor, de esos dolores que te dejan las rupturas.
Y pasan los días y se me hace raro decir en voz alta que lo que siento es alivio. Siento que tenía una herida de esas que sangran mucho al principio y de repente, se cierran y nunca más te acuerdas.
Y pienso, (sí sí, soy muy de torturarme), ¿ya está? ¿esto era todo? ¿ya no me duele más?
¿Qué significa eso? ¿Que no me importaba tanto? ¿Que no era tan amig@? ¿Que no me hacía bien?
Todavía no he encontrado la respuesta, pero sí sé lo que siento: la herida se está curando. Healing <3
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
miércoles, 24 de abril de 2019
viernes, 21 de junio de 2013
Devorar la vida
A veces, en cuestión de segundos, tu vida cambia para siempre. A veces, ni siquiera puedes hacer nada para evitarlo, a veces no lo ves venir. A veces, ni siquiera en casa estás seguro.
A veces parece que la vida se ceba con algunas personas, que todo lo malo les pasa a ellas, a veces parece que cuando alguien empieza a levantar cabeza, la vida le tiene preparada otra mala jugada. ¿Por qué?
A veces, la compasión a la que somos tan dados, nos lleva a decir "qué injusto..."; otras veces, ni siquiera eso tienen.
Hoy salía a las 3 de la oficina, contenta, empiezo vacaciones. Veo una llamada de mi ama en el móvil. "Qué raro, no es su hora". Saltan las alarmas. Llamo, no contesta. Insisto. Nada. Llamo a mi hermano. Contesta Laura y me cuenta. Cojo el coche, me tiemblan las manos. Paro. En shock.
Llamo a Martín y le cuento lo que ha pasado. "Hay que aprovechar cada minutos: el tiempo, la vida, se nos escurre entre los dedos".
Pasa el rato, me siento a escribir y saco eso que tenía dentro. Y lloro, se me caen las lágrimas por quién no consigue levantar cabeza y pese a eso, mañana se volverá a levantar. Y pienso que sí, que a veces, a menudo, la vida es injusta.
Y suena el móvil, un whatsapp de Manel, que me envía una foto preciosa donde sale él con Ona. Y sonrío y le contesto "estáis para comeros".
Hay que devorar la vida.
A veces parece que la vida se ceba con algunas personas, que todo lo malo les pasa a ellas, a veces parece que cuando alguien empieza a levantar cabeza, la vida le tiene preparada otra mala jugada. ¿Por qué?
A veces, la compasión a la que somos tan dados, nos lleva a decir "qué injusto..."; otras veces, ni siquiera eso tienen.
Hoy salía a las 3 de la oficina, contenta, empiezo vacaciones. Veo una llamada de mi ama en el móvil. "Qué raro, no es su hora". Saltan las alarmas. Llamo, no contesta. Insisto. Nada. Llamo a mi hermano. Contesta Laura y me cuenta. Cojo el coche, me tiemblan las manos. Paro. En shock.
Llamo a Martín y le cuento lo que ha pasado. "Hay que aprovechar cada minutos: el tiempo, la vida, se nos escurre entre los dedos".
Pasa el rato, me siento a escribir y saco eso que tenía dentro. Y lloro, se me caen las lágrimas por quién no consigue levantar cabeza y pese a eso, mañana se volverá a levantar. Y pienso que sí, que a veces, a menudo, la vida es injusta.
Y suena el móvil, un whatsapp de Manel, que me envía una foto preciosa donde sale él con Ona. Y sonrío y le contesto "estáis para comeros".
Hay que devorar la vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)