No se si será lo de hacerme mayor, pero cada vez siento más nostalgia, más que Bilbao es realmente mi casa, que allí es donde quiero estar, que allí además están los que quiero, con los que me siento bien, los que me acompañan, los que quiero tener cerca.
Son los amigos de siempre. Organizar con ellos una paella en el Vivero, (que antes odiaba), es hoy un planazo. Reírme, discutir y hasta emocionarme con los recuerdos compartidos es un chute de energía para volver a este Madrid impersonal.
Y pienso, ¿no es eso realmente? ¿Volver a casa no es precisamente eso, que nos espere alguien?
Bilbao es, sin duda, mi casa. Ya solo queda la segunda parte: trabajar para volver.
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