Planear unas vacaciones es casi tan excitante como disfrutarlas. Recabar información de los sitios a visitar, regodearte mirando hoteles estupendos, con encanto, románticos, bien de precio, perfectos para escapadas con buenos amigos, con mucho que ver o alejados de todo y de todos... ¡A quién no le gusta!
A mí hoy, me han aguado la fiesta (bueno, en parte). Maldita burocracia... Tengo (¿tenía?) una semana de vacaciones en Abril, que coincide con la de un amigo, A. Él vive en Reino Unido pero no es de allí, es de Uganda. Que sí que necesita visado, que no, que sí, que no de nuevo, que sí y también carta de invitación, que no necesita nada de nada,... Así, al teléfono con la policía. ¡¡Y menos mal que contábamos con ayuda!! ¡¡Pero si ni siquiera ahí dentro parecen tenerlo claro!!
Consulados, visados, cartas de invitación, justificación de crédito suficiente (OMG!), ¿lo posponemos?
Pendiente de que A. se manifieste y decidir qué hacemos. Pero jo, tanta burocracia, tanto papeleo, tanta confusión, tanta inseguridad... ¡casi casi quitan las ganas de continuar!
Veremos cómo acaba esto. Mientras tanto, respiro hondo, cuento hasta 10: 1, 2, 3,... Quiero que A. venga, quiero que esté aquí, disfrutar, que conozca esto,... Y me gustaría hacerlo olvidándome de tantas fronteras, de tantas trabas y limitaciones. ¿Será posible?
